LA RENGA EN COSQUÍN: EL ROCK TAMBIÉN HABLA DEL PRESENTE


 
LA RENGA 17 de octubre de 2026. Cosquín, Córdoba.
 
Hay fechas que quedan marcadas por la música, pero también por todo lo que sucede alrededor de ella.
 
La Renga regresó a la Plaza Próspero Molina después de trece años y convirtió el escenario Atahualpa Yupanqui, históricamente ligado al folclore argentino, en el punto de encuentro de una multitud que llegó desde distintos lugares del país para ser parte de una noche de rock.
 
Las entradas estaban agotadas. Según las cifras difundidas por la Policía de Córdoba, unas 18 mil personas ingresaron al predio y otras 3 mil permanecieron en los alrededores. Micros, banderas, guitarreadas y grupos de amigos formaron parte de una previa que comenzó mucho antes de que sonara el primer acorde.
 
Pero para entender lo que pasó en Cosquín hay que mirar más allá del escenario.
 
En un país donde la situación económica obliga a muchas personas a medir sus gastos, viajar para ver una banda implica organizarse, ahorrar y, en muchos casos, hacer un esfuerzo importante. Sin embargo, miles de personas eligieron estar ahí. Y alrededor de esa pasión también hubo trabajadores, vendedores, comerciantes y familias que encontraron en el recital una oportunidad para generar ingresos.
 
 
La música movilizó mucho más que al público: movilizó a toda una ciudad. Así lo destacó también el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, al referirse al movimiento económico que generó el evento en la región.
 
Pasadas las nueve de la noche, La Renga salió a escena. Con un repertorio de más de treinta canciones, la banda recorrió distintas etapas de su historia, demostrando que sus temas siguen encontrando eco en varias generaciones.
 
Pero hubo algo más.
 
En medio de los rocanroles, la noche también abrió espacio para la memoria. La banda homenajeó a Ricardo Soulé, figura fundamental de Vox Dei, con “La verdadera historia de Sam el montañés”. Más adelante, “Me hice canción” formó parte del recuerdo a Piero, otro nombre importante de la música popular argentina. No fueron solamente canciones elegidas para completar una lista: fueron reconocimientos a quienes dejaron una huella en nuestra cultura musical. 
 
Y entonces el recital volvió a conectarse con el presente.
 
Durante “Somos los mismos de siempre”, Chizzo hizo sonar unos acordes de la Marcha Peronista. Era 17 de octubre, Día de la Lealtad, y el gesto no pasó inadvertido.
 
 
Más tarde, durante “Panic Show”, llegó uno de los momentos más comentados de la noche. En referencia al uso de esa canción por parte de Javier Milei, Chizzo lanzó una frase directa al Presidente: “Guarda, Milei, que el león está cagadísimo de hambre”. El público respondió y la música volvió a convertirse en un espacio donde también se expresan diferencias, ideas y miradas sobre la realidad argentina.
 
Y acá es donde me parece que vale la pena detenerse.
 
Porque el rock nunca sucede completamente aislado de lo que pasa afuera. Las canciones pueden acompañar historias personales, representar una forma de pensar o poner en palabras aquello que muchas veces cuesta expresar. Y cuando miles de personas se reúnen para cantarlas, esa experiencia deja de ser individual y se transforma en algo colectivo.
 
No hace falta que todos pensemos igual para compartir una canción. Pero sí podemos reconocer la fuerza que tiene la música para reunirnos, hacernos reflexionar y mantener viva una cultura que se construye en las calles, en las rutas y arriba de los escenarios.
 
Cosquín fue testigo de eso.
 
El cierre llegó con “Hablando de la libertad”, una canción que volvió a unir las voces de la banda y su gente en uno de esos momentos que explican por qué tantos seguidores recorren kilómetros para estar presentes.
 
Y cuando las luces se apagan, queda la pregunta: ¿qué nos llevamos de una noche así?
 
Tal vez no se trate solamente de recordar cuántas canciones sonaron o cuánta gente hubo. Tal vez se trate de entender que, detrás de cada entrada agotada, hay miles de historias; detrás de cada bandera, una identidad, y detrás de cada viaje, una pasión que resiste incluso cuando las circunstancias no son fáciles.
 
 
El 17 de octubre, La Renga volvió a demostrar su capacidad de convocatoria y Cosquín vivió una jornada que trascendió lo musical.
 
Porque el rock también es memoria, cultura, trabajo, identidad y presente.
 
Y mientras haya personas dispuestas a recorrer el camino para encontrarse frente a un escenario, el rock seguirá teniendo algo para decir.
 
 
Desde Cosquín, Córdoba, una noche para recordar. Porque algunas canciones terminan cuando se apagan los amplificadores, pero lo que nos hacen sentir sigue sonando mucho después.
 
¡Aguante La Renga y aguante el rock nacional!
 
 
 
 
Agradecemos a LA RENGA por las acreditaciones.
 
         Por Cintia Aboyo 
        Fotos Romina Gillón 
        Fotos Walter Maidana
        LSJ2026
 
 
 
 
 
 

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